jueves, 30 de junio de 2011

No me arrepiento de nada

A lo largo de mi vida me equivoqué mucho. Compartí mucho tiempo, y muchas cosas con personas que creía mis amigos y terminé dándome cuenta de que no lo eran. Lloré por personas que no lo valían, y a veces lo sigo haciendo. Me mandé veinte veces las mismas cagadas, y hubo piedras que nunca supe esquivar. Me guardé muchas cosas, por miedo a perder otras tantas, o simplemente porque no me animaba a decirlas. Hubo días en que me sentí hermosa, con toda la confianza, y otros en los que tuve el autoestima por el quinto subsuelo. Días en que me levanté diciendo, hoy es el día, hoy puedo hacerlo, y cuando me enfrenté a eso me di cuenta de que no podía. Tuve días en que no tenía ganas ni de levantarme de la cama. Ha habido noches en las que dormía sólo para soñar con él, para hacer todo lo que estando despierta no podía, y hubo otros en los que, por la misma razón, no pude dormir. Entregué abrazos, besos, caricias, consejos, a personas que después me hicieron sufrir mucho. Hice cosas sabiendo que más tarde me iban a doler. Me quedé afónica muchas veces por cantar a todo volumen, estando sola en mi casa o en la ducha. He llorado con películas, con canciones, con cuentos, con novelas, hasta con dibujitos animados. Pude descubrir que una simple caricia de alguien que amas te puede hacer la mujer más feliz del mundo; que la sonrisa de una persona puede cambiarte el humor en solo un segundo y que el tiempo vuela cuando la pasas bien. Entendí que las cosas buenas, aunque nos cueste aceptarlo, siempre tienen un final. Me ilusioné con cosas sin sentido, volé muy alto y después caí en picada. Perdí personas que amaba, que me enseñaron muchas cosas, y que me dieron muchas más. Hubo días en que quise desaparecer del planeta, que todo fue negativo, que nada me pareció justo, nada me pareció valer la pena.
Pero llegué a la conclusión de que de todo lo que me equivoqué siempre saqué algo bueno, siempre aprendí algo. Que si después no resultaron ser amigos, no importa, lo que importa es que en su momento disfruté con ellos, y me quedan los buenos recuerdos. Que aunque llore por personas que no lo valen, si lo hago es porque lo siento, porque lo necesito y me hace bien. Si me mandé quinientas veces las mismas cagadas, es porque algo dentro de ellas me atrae, y en algún momento aprenderé a evitarlo. Que al ahorrarme algunas palabras, también me ahorré algunos problemas, y hasta algunas pérdidas. Que tener el autoestima por el subsuelo hace que los demás quieran subirte el ánimo, te traten como una reina y te hagan sentir hermosa. Que si no pude hacer algunas cosas fue porque no estaba preparada, porque no era el momento, y quizás fue lo mejor. Que así como hubo días en que no me quería levantar, también estuvieron aquellos en que no paré un segundo, y disfruté cada milésima del día. Que aunque no fuera real, al soñar con él fui feliz y que si alguna vez me desvelé para pensar, me sirvió para poner en claro algunas cosas, y solucionar más de un problema. Que aunque haya sufrido por ciertas personas, en su momento, disfruté cada abrazo, cada beso y cada caricia, y me sentí bien aconsejándolas, sabiendo que podía ayudarlas. Que aunque sabía que después me iban a doler, en el instante de hacer algunas cosas, fui feliz. Aprendí también que sí, el tiempo vuela cuando la pasas bien, pero que mientras tanto, ni te acordás que existe; y que es verdad que las cosas buenas tienen un final, pero todo lo tiene, las cosas malas también. Que aunque caer en picada dolió, mientras volaba me sentí feliz, única, inmortal. Que las personas que ya no están conmigo me siguen acompañando desde algún lugar, y que en las decisiones que tomo cada día, hay una parte de ellos guiándome. Y, por último aprendí, que en la vida, cada paso que damos, aunque parezca insignificante, vale la pena. Por eso hoy estoy orgullosa de cada cosa que hice, buena o mala,
soy feliz y no me arrepiento de nada.

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