En cuestiones del amor nunca se cuándo hay que actuar y cuando hay que esperar. Con cualquiera de las dos podemos ganar pero también podemos perder. Una corazonada, una señal, siempre buscamos algo que nos diga cuándo actuar. Pero no nos damos cuenta de que esperar también es actuar y entonces ciego caes en la trampa por no saber esperar. Somos esclavos de nuestras impaciencias, de nuestras tentaciones, de nuestra culpa.
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