miércoles, 30 de junio de 2010

A los diez años la vida es un cuento previsible, los malos son feos, infelices y terminan mal;los buenos son lindos, felices y comen perdices. También es un juego donde los hijos son muñecos o peluches, una juega a la mamá, al ama de casa.
Qué distinto cuando vemos que la vida no se ajusta a ese juego infantil. No, la vida es otra cosa. La diferencia entre malos y buenos es más sutil que una cara bonita y un final feliz;la verdadera lucha entre el bien y el mal ocurre cada día en nuestro interior.
Uno crece y el juego se vuelve más serio. Quién pudiera vivir cantando como un chico. Quién pudiera eternizar el juego, vivir por siempre en un cuento de hadas;
Quién pudiera ser por siempre chiquitita.

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